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67 ideas de qué hablar con mi novia cuando ya no hay tema

¿De qué hablar con mi novia cuando ya no hay tema? Aquí van 67 ideas según el momento: en el auto o el Uber, en la cena, por WhatsApp, en el sillón y después de una pelea. Cada una parte de lo que tienen enfrente, no de una lista de temas. Una a la vez, y contesta tú también.

Equipo Twosies ·

Dos tazas en una mesa por la noche, dos celulares boca abajo en el centro y una mano cerca de la otra.

En el auto, cuando se acaba la playlist

La ventana hace la mitad del trabajo. Empieza por ahí, no por una lista. Si apenas se están conociendo, sirven más las preguntas para conocer a alguien.

  • En el semáforo, un malabarista hace su número con tres naranjas. ¿Qué truco sabes hacer que nadie en tu oficina se imagina?
  • El conductor del Uber pone reguetón de 2010 a todo volumen. ¿Qué canción de esa época te sabes completa, y en qué fiesta la bailabas?
  • Llegan al peaje y ella busca monedas en el portavasos. ¿Qué es lo más raro que traes ahora mismo en la mochila?
  • Van por la carretera rumbo a la costa. ¿A qué playa iba tu familia en vacaciones, y qué se comía en el camino?
  • Cae un aguacero de golpe y los limpiaparabrisas no dan abasto. ¿Cuándo te tocó caminar con el agua hasta los tobillos?
  • Pasan frente al estadio y hay partido. En tu casa, ¿quién gritaba los goles más fuerte?
  • Paran en la gasolinera y hay empanadas en la vitrina. Empanada de gasolinera: ¿te la comes o es un riesgo que no corres?
  • Pasan por la salida al pueblo de su abuela. ¿Qué hay en el pueblo de tu abuela que no se consigue en la ciudad?
  • En el semáforo ofrecen cargadores, chicles y un peluche gigante. ¿Qué es lo más inútil que compraste por la ventana del auto?
  • Adelante va una camioneta con la calcomanía de la familia en muñequitos. ¿Qué calcomanía le pondríamos nosotros al vidrio de atrás?

Si ella contesta “no sé”, no dispares otra pregunta. Di tu respuesta y deja que el auto se quede callado un rato.

Sam: En un Uber de vuelta de casa de sus papás le pregunté a Anna: “¿Y de qué quieres hablar?”. Silencio hasta el tercer semáforo. Ahí un malabarista dejó caer una naranja, Anna dijo “yo hago eso con limones” y no le creí. Llegando a casa me lo demostró. Con dos limones, no tres.

En la cena, cuando nadie dice nada

La mesa regala el tema: menú, mesero, mesa de al lado, postre. Úsalo antes de que alguien agarre el celular.

  • El mesero recomienda “el plato de la casa” con mucho orgullo. ¿Cuál es el plato de tu mamá que nadie más sabe hacer igual?
  • Es domingo y están en casa de sus papás, con el café ya servido. En tu casa, ¿la sobremesa del domingo dura media hora o tres?
  • Llega la cuenta y en la mesa de al lado todos se pelean por pagar. En tu familia, ¿quién siempre insiste en pagar aunque no le toque?
  • El menú se atreve a ofrecer pizza con piña. Pizza con piña: ¿la defiendes o la atacas?
  • Traen tres salsas picantes a la mesa. ¿Cuánto picante aguantas de verdad, y cuál salsa te hizo llorar?
  • Ella menciona que su jefa le escribió anoche. ¿Sigue mandando correos a las once de la noche?
  • Llega la carta de postres. Tres leches o flan: ¿cuál pedimos, y cuál es mejor en casa de tu abuela?
  • Unos músicos van de mesa en mesa con guitarras. Si se acercan a la nuestra, ¿qué canción les pides?
  • En la mesa de al lado cantan cumpleaños y gritan “¡que lo muerda!”. ¿Alguna vez te empujaron la cara contra el pastel, y quién fue?
  • Pasa un mesero con una bandeja de sándwiches pequeños. ¿Qué comida no podía faltar en las fiestas de cumpleaños de cuando eras niña?

Si ella está cansada, hablar de la comida ya es conversación. Una frase sobre el flan cuenta como turno.

Por WhatsApp, cuando el chat se quedó callado

Cuando el chat va en “jaja” y “ok”, un “¿cómo estás?” no lo arregla. Manda algo pequeño que se conteste en un mensaje.

  • Ella subió a su estado una foto de un café con arte en la espuma. Responde al estado: “¿Ese café es de dónde? Se ve mejor que el de mi oficina”.
  • En tu grupo de la familia, tu tío reenvió otra cadena de “mándalo a diez contactos”. Mándale captura: “¿Tu tío también, o el tuyo es el de los audios eternos?”
  • Hace tres horas ella mandó un sticker y el chat se murió ahí. Contesta con el sticker más feo que tengas y escribe: “nosotros el lunes”.
  • Llegó a tu casa un paquete que ella pidió. “Llegó tu paquete. ¿Lo abro o me aguanto hasta que vengas?”
  • Estás en el mercado. “¿Mango o maracuyá para el jugo de mañana?”
  • Se viene un feriado largo. “¿Ya salió el horario del puente? ¿Nos toca el viernes libre?”
  • Un perro duerme en la puerta del banco, como si trabajara ahí. Toma la foto: “¿Cómo le ponemos?”
  • Ella está en la oficina a media tarde. “Mándame un audio de diez segundos con el ruido que hay allá. Yo te mando el mío.”
  • Ayer WhatsApp se cayó una hora. “Cuando se cayó WhatsApp, ¿qué hiciste con tu vida?”

Un sticker también es respuesta. No juntes tres preguntas en un mensaje: una foto y una línea alcanzan. Hay más listas en nuestros artículos.

Anna: Llevábamos días con “jaja” y “ok”. Sam me mandó la foto de un perro dormido en la puerta del banco con la pregunta “¿Cómo le ponemos?”. Le puse “Licenciado”. Desde entonces Sam me manda reportes: “Licenciado hoy llegó tarde”.

En el sillón, cuando el trabajo se llevó todas las palabras

Hay noches sin energía para nada. Estas piden casi cero esfuerzo, y una respuesta de una sola palabra también cuenta.

  • Ella se tira en el sillón y dice “hoy no me hables”. Califica tu día del uno al diez; yo digo el mío primero.
  • De fondo pasa una telenovela que nadie está viendo. ¿Quién de esta novela crees que es el verdadero papá?
  • El gato se acomoda encima de los dos. Si pudiera hablar, ¿de qué se quejaría primero?
  • Son las nueve y ella sigue con la laptop abierta. ¿Qué tiene ese Excel que no puede esperar a mañana?
  • Les da hambre a la misma hora. Si ahora mismo pudieras pedir cualquier antojo a domicilio, ¿qué sería?
  • Ella tiene puesta una mascarilla verde en la cara. ¿Cuánto le falta a eso, y me puedo poner una?
  • Ella mencionó a la compañera de trabajo que se come la comida ajena del refrigerador de la oficina. ¿Qué hizo hoy Mariana?
  • Su hermana subió las fotos del bautizo. ¿Ya viste quién salió con los ojos cerrados?
  • Ella llega de spinning con la botella de agua vacía. ¿Cómo te fue? ¿La instructora seguía gritando “¡una más!”?

En una noche cansada, un “bien” y encogerse de hombros son respuestas completas. Si hablar todavía cuesta, cámbialo por un juego: qué tanto conoces a tu pareja se juega adivinando, no con energía.

Después de una pelea, cuando ya pasó pero no del todo

Estas no son para reabrir la pelea; lo que quede por decir puede esperar a un día más tranquilo. Aquí la meta es volver a una noche normal.

  • La pelea terminó hace una hora y la casa está demasiado callada. “Voy a hacer café. ¿Quieres, o te preparo un té de manzanilla?”
  • El vecino pone otra vez la misma cumbia. “¿Cuántas veces la va a repetir hoy? Apostemos.”
  • Tu mamá escribe preguntando por el domingo. “Mi mamá pregunta si vamos a almorzar. ¿Qué le digo?”
  • Los dos en el sillón, cada quien en su celular. “¿Seguimos la serie donde la dejamos, o hoy vemos algo tonto?”
  • Llegó el mueble en caja y lleva una semana en el pasillo. “¿Me ayudas a armarlo? Yo leo las instrucciones, tú no me haces caso.”
  • En la alacena queda una bolsa de maíz para palomitas. “¿Hacemos palomitas y no pensamos en nada?”
  • Su prima mandó la invitación a los quince años de su hija. “¿Vamos, o inventamos un viaje?”
  • El perro ya trae la correa en la boca. “¿Lo sacamos los dos?”
  • Se te pegó el arroz otra vez. “¿Me enseñas a hacerlo como tú? Ya quemé dos ollas.”

Si una pelea llega a darte miedo por ti o por ella, o aparecen pensamientos de hacerte daño, comunícate con los servicios de emergencia de tu país.

Sam: Después de una pelea fuerte le dije a Anna: “Tenemos que hablar de lo nuestro”. Se encerró en el baño. Una hora después le pedí ayuda para armar el estante. Sobró un tornillo y nos dio un ataque de risa. De lo nuestro hablamos al día siguiente, con calma.

Tarde en la noche, con la luz apagada

Luz apagada, voz baja, nadie dormido todavía. Preguntas pequeñas y tibias, no pesadas.

  • Ella se ríe sola de algo que recordó. ¿Cómo te decían en tu casa cuando eras chiquita, y quién lo inventó?
  • Ella tararea algo muy bajito. ¿Qué te cantaba tu abuela para dormir?
  • Hablan de las fiestas de fin de año. ¿Cuál fue tu mejor Año Nuevo: con las uvas, en la playa o dormida antes de las doce?
  • Ella menciona a una amiga del colegio. ¿Qué día del colegio repetirías: el paseo de fin de año, la graduación o un martes cualquiera?
  • El ventilador zumba en la esquina. ¿Duermes mejor con el ventilador prendido o con la ventana abierta?
  • Su celular se ilumina con un anuncio de lotería. Si nos sacamos la lotería, ¿qué es lo primero que le contarías a tu mamá?
  • Afuera ladra un perro, pasa una moto. ¿Cuál es el ruido de este barrio que ya ni escuchas?
  • Su cumpleaños fue el mes pasado. ¿Qué deseo pediste al soplar las velas? Si no se puede contar, dame una pista.
  • Mañana es domingo y no hay alarma. Si no tuviéramos nada que hacer, ¿dónde te gustaría despertar?
  • Ella apaga la tele y la casa queda en silencio. ¿Qué serie veías a escondidas de adolescente cuando tus papás dormían?

Si se duerme a mitad de frase, tómalo como un halago. Y si la noche se pone seria sola, las preguntas incómodas para parejas también sirven para esta hora.

Anna: Con la luz apagada, Sam me preguntó qué serie veía a escondidas de adolescente. Le confesé una telenovela de las cuatro de la tarde. Me pidió que le contara un capítulo. Le conté tres. Se durmió en el segundo, y no me importó.

Caminando sin plan

Caminando lado a lado, nadie tiene que sostener la mirada mientras piensa. Deja que la calle ponga el tema.

  • En una pared del barrio hay un mural nuevo a medio terminar. Si te dieran esta pared, ¿qué pintarías?
  • En la esquina venden fruta picada en vasitos. ¿Mango con sal y limón, o fruta sola sin nada?
  • En el parque, unos señores juegan ajedrez en una mesa de piedra. ¿A qué jugabas con tus abuelos?
  • Pasan por una panadería de barrio de las de antes. ¿Qué pan comprabas de niña con el cambio?
  • Un letrero hecho a mano dice “Se arreglan celulares, licuadoras y corazones”. ¿Qué le llevarías a arreglar?
  • Cruzan la plaza principal, con su iglesia y sus palomas. ¿En qué plaza pasabas los domingos de niña?
  • En la cancha del barrio hay partido de fútbol. ¿Jugaste alguna vez, o eras de las que miraban desde la reja?
  • Un edificio tiene todos los balcones llenos de plantas. ¿Cuál de esos balcones sería el nuestro, y qué tendría?
  • Un señor pasea con un loro en el hombro. ¿Tendrías un loro, y qué palabra le enseñarías primero?
  • Pasan por una librería de usados con cajas en la acera. ¿Qué libro te obligaron a leer en el colegio y odiaste?

Si ella está callada, señala algo y di lo que ves. Puede tomar el hilo o no; las dos cosas están bien.

Cuando a nadie se le ocurra por dónde empezar, saca una carta al azar de un mazo de 25 temas y contéstenla los dos. Y para ti y tu novia hay una baraja de cartas para jugar con tu novia, que se abre en un solo celular.

Preguntas frecuentes

¿Es normal quedarse sin temas con tu novia?

Sí. Cuando ya se contaron las historias grandes, lo fácil se acaba, y el silencio entre dos no es una falla. Sirve distinguir cansancio de distancia: cansancio es un martes pesado; distancia son semanas sin ganas de compartir nada. Lo primero se arregla durmiendo; lo segundo merece una conversación de verdad.

¿De qué hablar con mi novia cuando se acaba la conversación?

De lo que tienen enfrente: el malabarista del semáforo, el tres leches del menú, el perro que duerme en la puerta del banco, el mural del barrio. Una pregunta pequeña y concreta funciona mejor que un tema enorme. Contesta tú también y saca la siguiente de lo que ella dijo.

¿Qué hago si ella contesta solo con monosílabos?

No subas la cantidad de preguntas. Una respuesta corta casi siempre es cansancio, no aburrimiento. Di tu propia respuesta y hagan algo uno al lado del otro: cocinar, caminar, poner un capítulo. Más tarde intenta algo todavía más pequeño. Un "ajá" también es respuesta, e insistir casi nunca saca más.

¿Cómo empezar una conversación más profunda sin que parezca interrogatorio?

Cuenta lo tuyo primero, haz una sola pregunta y espera. La pausa ayuda: muchas veces lo importante sale después de unos segundos de silencio. También sirve estar haciendo algo juntos, como manejar o caminar, porque nadie tiene que sostener la mirada mientras piensa.

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