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39 citas y juegos para novios a distancia

Los mejores juegos para novios a distancia no son preguntas: son citas con reglas, material y final, como el dibujo a ciegas, la lotería casera o el Basta en una hoja. Aquí van ordenados por situación, por videollamada o sin coincidir en horario. Si buscas tarjetas de preguntas, al final enlazamos una baraja de 25.

Equipo Twosies ·

Dos laptops lado a lado, cada pantalla con una mano sosteniendo una taza de té, y un hilo fino de luz anaranjada que las une sobre la mesa.

Cuando tienen una hora de videollamada y les falta un motivo para quedarse

  • Rutina de ejercicio en dos salas. Elijan un video de veinte minutos de ejercicio sin aparatos, muevan la mesa de centro y apoyen el celular en el suelo para que se vean de cuerpo entero. Pongan el video en la computadora o en la tele y denle play a la cuenta de tres, cada quien en su casa. Al final, una plancha para los dos: quien aguante más elige el video de la próxima vez.
  • El plano de tu casa. Antes de la llamada, dibuja tu casa en una hoja, cuarto por cuarto: dónde te sientas, dónde entra la luz, dónde se acumula la ropa por doblar. Manda una foto del plano y luego recorre la casa con la cámara mientras el otro te sigue en el dibujo. Desde ese día, «estoy en la cocina» ya tiene forma.
  • El árbol de tu familia, antes de la visita. Cada quien dibuja su árbol familiar en una hoja grande: abuelos, tíos, los primos con sus apodos, la tía que no se habla con nadie. Explíquenlo frente a la cámara mientras el otro toma notas. Al final, sin mirar las notas, cada uno repite los nombres de la mesa del domingo del otro. El día de la visita, nadie llega en blanco.
  • Una lámpara de lava casera. Cada quien junta lo mismo antes de la llamada: un frasco alto, aceite de cocina, agua con colorante y una pastilla efervescente. Sigan el mismo paso a paso al mismo tiempo, con la cámara apuntando al frasco. Apaguen la luz, pongan una linterna debajo del frasco y comparen cuál de las dos lámparas burbujea mejor.
  • El mismo mes de hace tres años. Abran la galería del celular en el mismo mes de hace tres años y compartan pantalla por turnos. Cada uno elige cinco fotos que el otro nunca vio y cuenta qué pasaba ese día. Al final, juntan las diez en un álbum compartido con el año en el nombre.
  • El itinerario del reencuentro, con precios reales. Abran vuelos y hospedaje en dos pestañas y armen la próxima visita como si fuera mañana: el vuelo más barato entre sus dos ciudades, dónde se quedan, los tres lugares que uno quiere enseñarle al otro. No hace falta comprar nada. Guarden todo en una nota compartida con la fecha en el título.

Si apenas se están conociendo y quieren que lo siguiente sea en persona, aquí hay ideas para la segunda cita.

Anna: Sam está en Madrid y yo en Bogotá. A mitad de la rutina se me cayó la señal y él siguió haciendo sentadillas frente a mi pantalla congelada. Cuando volví, seguía contando en voz alta: “diecinueve, veinte”. Me reí hasta llorar.

Cuando quieren comer juntos, cada quien en su ciudad

  • Domingo de caldo por videollamada. El que está en la comida familiar del domingo apoya el celular junto a la olla y lleva al otro a la mesa: presenta a la abuela, enseña el caldo de gallina o el sancocho, sirve un plato frente a la cámara. Del otro lado, una sopa caliente de su barrio, comprada o hecha. Tomen la primera cucharada al mismo tiempo.
  • Duelo de empanadas. Cada quien compra media docena de empanadas en el mejor lugar de su ciudad: de carne cortada a cuchillo, de pino, de maíz con ají, las que haya. Ábranlas en la llamada, partan una por la mitad frente a la cámara y califiquen masa, relleno y salsa. La ciudad que pierda invita las empanadas de la próxima visita.
  • Desayuno de uno, cena del otro. Si uno está en Santiago y el otro estudiando en Melbourne, el horario se vuelve menú: huevos y café de un lado, pasta y una copa de vino del otro, la pantalla en medio de la mesa. Acuerden los platos la noche anterior para que los dos coman en serio, no galletas de pie en la cocina.
  • Merienda a la misma hora. Elijan un día en que la diferencia horaria les deje una tarde en común y armen la merienda de su país: café con leche y pan dulce, mate con bizcochitos, café de olla con una concha. Cada quien explica su ritual mientras lo prepara: cómo se ceba, cuánto azúcar, qué se moja en qué. Lo que sobra se guarda para la próxima.
  • El dulce de tu tierra por correo. Manda una caja con lo que tu ciudad hace mejor: alfajores, cocadas, dulce de leche, obleas, bocadillo. Escribe «abrir en la llamada» sobre la cinta. La caja espera días en la cocina del otro, y tú ves la primera mordida.

Sam: En Madrid eran las once de la noche y en Bogotá las cuatro de la tarde. Yo cené pasta recalentada, Anna se tomó un tinto con pandebono, y brindamos taza contra copa a través de dos pantallas. Contó como cena.

Cuando ya cansa mirarse a la cámara: citas lado a lado

  • Caminata con el celular en el bolsillo. Cámara apagada, audífonos puestos, y cada quien camina por su barrio a la misma hora. Vayan narrando: la panadería que cerró, el perro de siempre en la esquina, la calle que toman cuando quieren llegar más tarde a casa. Caminen hasta que los dos estén otra vez en su puerta.
  • El mercado con la cámara trasera. Quien está en el mercado enciende la cámara de atrás y recorre los puestos, y quien está en casa elige: el mango más maduro, el aguacate para hoy, las flores del puesto del fondo. Lo elegido se compra y se come en la llamada. La próxima vez se cambian los papeles.
  • Tarde de tareas a la par. Para cuando hay examen o trabajo atrasado: cámaras prendidas, micrófonos en silencio, cuatro bloques de veinticinco minutos con cinco de descanso. En los descansos se conversa; en los bloques, cada quien en lo suyo. Al final, cada uno enseña lo que terminó.
  • Cada quien arregla algo roto. Elijan cada uno una cosa pequeña que lleva meses rota en su casa: la llave que gotea, el botón que se cayó, la silla que cojea, la lámpara que parpadea. Busquen el tutorial antes, pongan la cámara sobre las manos y arreglen lado a lado. Al final, cada quien enseña su cosa funcionando.
  • Tejer o bordar lado a lado. Cada quien con su proyecto, una lámpara y una manta, la cámara apuntando a las manos y un cronómetro de cuarenta minutos. No hace falta hablar. Al sonar, se enseñan cuántas vueltas o puntadas avanzaron, y la pieza crece cita tras cita.

Si quieren una llamada donde conversar sea el plan, las preguntas para novios dan tema de sobra.

Anna: Yo fui por el parque de la 93 y Sam por un parque cerca de su casa, cada quien con sus audífonos. Me contó de un señor que da de comer a las palomas a la misma hora todos los días. Nunca lo he visto y ya sé de qué color es su gorra.

Cuando uno duerme mientras el otro está despierto

  • Videocarta para la mañana. Antes de dormir, graba cinco minutos: el cuarto, cómo te fue, qué viene mañana. Mándala para que esté esperando cuando el otro despierte, y recibe una de su mañana. Guarden todas en una carpeta compartida con la fecha en el nombre.
  • Los sonidos de tu barrio. Graba dos minutos de audio camino al trabajo: el silbato del afilador, el pregón del que vende fruta, la campana del recolector de basura. Di dónde estás. El otro lo escucha al final de su día y responde con los sonidos de su noche.
  • El desayuno llega mientras duermes. Antes de acostarte, programa en una app de entregas a domicilio de su ciudad un desayuno para la hora en que el otro se despierta: el pan de la panadería que le gusta, un café, un jugo. Cuando suena el timbre, tú ya duermes. Al despertar, tienes la foto del desayuno a medio comer esperándote.
  • La misma luna, horas después. Cuando la luna salga de tu lado, tómale una foto y mándala. Horas después sale del otro lado, y el otro fotografía la misma luna desde otra ventana. Junten las dos fotos en un álbum que crece con cada luna llena.
  • Dormirse juntos una noche por semana. Elijan una noche en que sus horarios de dormir puedan coincidir, aunque uno se acueste temprano y el otro se desvele. Luces apagadas, llamada abierta, celulares boca abajo en la almohada. Se duermen escuchando la respiración del otro.

Para los días en que no logran coincidir en línea, hay preguntas para hacer por mensaje que mantienen la conversación entre llamadas.

Sam: Grabo mi camino al metro a las siete. Anna lo escucha a la una de la madrugada, cuando sale de su turno en Bogotá, sentada en el autobús. Dice que es lo único tranquilo de su noche.

Cuando quieren ver o escuchar lo mismo en el mismo segundo

  • El partido en dos pantallas. Día de eliminatorias o de clásico: cada quien en su sala, la misma transmisión, la llamada abierta en el celular junto al control. Narren como en la radio, con grito de gol incluido. Si sus equipos son rivales, el que pierda se pone la camiseta del otro en la siguiente llamada.
  • La telenovela con apuesta. El mismo capítulo, cada quien en su sillón, la llamada abierta solo en los cortes. Antes de empezar, cada uno escribe en un papel quién va a descubrir el secreto de la semana, y lo abren cuando termina el capítulo. El día del último capítulo de la novela, cuentan quién atinó más veces.
  • La radio de la ciudad del otro. Busquen en línea la emisora local que suena en los taxis de la ciudad del otro y pónganla los dos al mismo tiempo, con la llamada abierta. Quien es de ahí traduce: el locutor de toda la vida, el anuncio de la mueblería que nunca cambia, la canción que no deja de sonar. Al final de la hora, cada uno anota el anuncio más raro y el que se le quedó pegado.
  • El concierto en vivo desde lejos. Cuando un festival grande transmita en vivo, elijan juntos el concierto de la noche, pónganlo en las dos pantallas y véanlo de principio a fin con la llamada abierta. Se vale cantar fuerte y mandar video del coro.

Cuando algo tiene que llegar a la puerta

  • Caja con sobres numerados. Llena una caja de zapatos con cinco sobres numerados del 1 al 5: una foto, una bolsita de té, un boleto viejo, una nota, una cosa pequeña que no necesita explicación. Mándala una semana antes con «no abrir antes del viernes a las 8 p. m.» en la tapa. En la llamada, el otro abre un sobre a la vez.
  • El mismo libro con notas al margen. Lee un libro corto con lápiz en la mano, subraya y escribe en los márgenes lo que te hizo reír o enojar, y mándalo por correo. El otro lo lee con tus notas y agrega las suyas con otro color. El libro va y viene hasta que no le cabe una nota más.
  • Una sudadera que huela a ti. Usa una sudadera dos días, dóblala dentro de una bolsa con cierre y mándala. Escribe solo «llámame cuando la abras» en la caja. Un martes cualquiera se vuelve motivo de llamada, y la sudadera se queda en su cama.
  • Postal con el mapa de tu barrio. Compra una postal de tu ciudad y dibuja atrás el camino de tu casa a tu lugar favorito: la tienda de la esquina, el parque, el puesto de jugos. Llega cuando llega, a veces en dos semanas, a veces en un mes. Se queda pegada en el refrigerador hasta la visita, cuando hacen ese camino juntos.
  • Flores de verdad el día difícil. El día del examen final, de una entrevista de trabajo o del primer día en un lugar nuevo, encarga un ramo de verdad en una florería de la ciudad del otro para esa tarde. Dicta la tarjeta por teléfono. Llama justo después de la entrega.

Juegos para novios a distancia con cartón, hoja o cronómetro, no con tarjetas de preguntas

Estos son juegos para novios a distancia que funcionan como cita: cada uno tiene material, reglas y un final claro, casi siempre con ganador. Se preparan con lo que hay en casa o en el navegador y se juegan por videollamada.

Si lo que buscan son tarjetas de preguntas, tipo «yo nunca» o «quién es más probable», tenemos una baraja de 25 tarjetas para parejas a distancia. Lo de abajo es otra cosa: aquí se juega con las manos.

  • Lotería con cartones hechos a mano. Cada quien recorta dos cartones de cartulina y dibuja en cada uno nueve figuras de una lista de veinte que acordaron: la luna, el gato, la taza, el avión. Uno canta las figuras sacando papelitos de un vaso, y los dos marcan con botones o frijoles. El primero que llena el cartón grita «lotería» y elige el premio de la próxima visita.
  • Basta en una hoja. Dibujen columnas en una hoja: nombre, país, fruta, color, animal, cosa. Uno recita el abecedario en silencio, el otro dice «alto» y sale la letra de la ronda. El primero que llena la fila grita «basta» y los dos sueltan el bolígrafo. Sumen puntos en voz alta y jueguen hasta diez rondas.
  • Torres contra reloj. Cada quien junta lo mismo en su casa: veinte vasos de plástico, un mazo de cartas o un puñado de bloques de construcción. Peguen una cinta métrica en la pared detrás de la mesa y pongan un cronómetro de diez minutos. Gana la torre más alta que siga en pie cuando suene, medida frente a la cámara.
  • Dominó o parchís en el navegador. Abran una mesa en línea para dos y dejen la videollamada al lado, con la cámara prendida. Jueguen al mejor de tres partidas. El que gane escoge la canción que el otro tiene que cantar completa antes de colgar.
  • Mini torneo de tres juegos. Escojan tres juegos cortos de esta lista y anoten el marcador en una hoja pegada a la pared, a la vista de la cámara. Cada juego vale un punto. El campeón del mes se queda con el trofeo: una taza fea que viaja por correo al ganador.
  • Adivina la canción tarareando. Uno tararea diez segundos de una canción, sin letra, y el otro tiene tres intentos para decir cuál es. Anoten los aciertos en una hoja. Cuando alguien llegue a diez, pone la canción completa y la cantan juntos.
  • Un videojuego en cooperativo. Elijan un juego cooperativo para dos que se pueda jugar en línea desde dos consolas o dos computadoras, con la videollamada abierta al lado. La meta de la noche es un nivel concreto: pasarlo antes de colgar. Aquí nadie le gana a nadie: o lo pasan los dos o no lo pasa ninguno.
  • Dibujo a ciegas por descripción. Uno busca una imagen, como un edificio raro o una pintura vieja, y la describe en voz alta durante tres minutos sin decir qué es. El otro dibuja en papel solo con las palabras. Muestren los dos lado a lado y cuenten cuántos detalles coinciden: ventanas, colores, la forma del techo. Cambien de papel; gana quien sume más detalles en dos rondas.
  • Carrera por el mapa. Abran un juego gratuito de adivinar el lugar por la vista de la calle, compartan pantalla y túrnense para poner el alfiler donde creen que fue tomada la foto. El alfiler más cercano suma punto. Cinco rondas; quien pierda planea la cita de la semana siguiente.

Cuando por fin estén en la misma ciudad, la baraja de ideas para citas y la de citas baratas tienen planes para la visita. Hay más listas en nuestros artículos.

Preguntas frecuentes

¿Qué juegos puedo jugar con mi novio por videollamada?

Los que tienen material y un final: lotería con cartones hechos a mano, Basta en una hoja, torres de vasos contra reloj, dominó o parchís en el navegador, adivinar canciones tarareando, dibujo a ciegas por descripción. Pongan un número de rondas antes de empezar y el que pierda planea la próxima cita.

¿Qué hacer en una cita virtual cuando no hay de qué hablar?

Dejar de intentar hablar y darle una tarea a la llamada. Pongan la misma lista de canciones y salgan a caminar, abran un tablero de dominó o arreglen cada quien algo roto de su casa. Con las manos ocupadas, el silencio se siente como estar en el mismo cuarto.

¿Qué ideas funcionan si hay muchas horas de diferencia?

Las que no piden estar despiertos a la vez: una videocarta para la mañana del otro, un audio con los sonidos de tu barrio, la misma luna fotografiada a horas distintas, una caja con sobres numerados. Para la cita en vivo, junten el desayuno de uno con la cena del otro.

¿Cuál es la diferencia entre jugar por videollamada y jugar con preguntas por mensaje?

Por videollamada se juega con algo en la mano: cartones, una hoja, un tablero, un cronómetro, y la cita termina con un resultado: un ganador, un marcador, un nivel superado. Las preguntas por mensaje sirven para el día a día entre llamadas. Para eso tenemos una baraja de 25 tarjetas para parejas a distancia y una lista de preguntas para hacer por mensaje.

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