Cuando la Nochebuena es solo de ustedes
- Un pesebre con lo que hay en casa. Cada quien tiene cuarenta minutos para armar su propio pesebre o nacimiento sin comprar nada: pinzas de ropa como pastores, una tapa de frasco como cuna, un dinosaurio de juguete haciendo de camello. A las once se juzga con la luz apagada y una linterna. El ganador decide dónde se pone el Niño a medianoche.
- Mesa comprada, cero cocina. Cada quien va solo al supermercado o a la panadería y compra tres cosas para la cena, sin ponerse de acuerdo. A las once arman todo en una bandeja: lo que se repitió, lo que nadie esperaba, el pan dulce. Con treinta y cinco grados, nadie prende el horno.
- Villancicos en versión imposible. Cada quien tiene diez minutos para encontrar la versión más rara de “Mi burrito sabanero” o “Los peces en el río”: en cumbia, en metal, en banda, cantada por un loro. Las ponen sin decir de quién es cuál y votan. Quien pierde canta la original de pie.
- Una piñata para dos. Armen una piñata pequeña con una bolsa de papel y papel crepé, llénenla de caramelos y de cupones escritos a mano, y cuélguenla de la rama del patio o del marco de una puerta. Tres turnos cada uno, con los ojos vendados y una escoba.
- Piscina inflable al caer el sol. Llenen una piscina inflable con la manguera a media tarde, en el patio, la terraza o la azotea, y esperen a que oscurezca. De noche se meten con el agua a la cintura, la guirnalda prendida y dos vasos en el borde. Es lo más fresco que da diciembre.
- Velas, guirnalda y una sola regla. Celulares en un cajón, ventilador prendido, solo velas y la guirnalda del árbol. Antes de empezar acuerden una regla para toda la noche: solo se habla de cosas que pasaron antes de conocerse, o cada historia tiene que incluir a un pariente.
Si la conversación necesita un empujón, las preguntas para conocer a alguien sorprenden incluso después de años juntos. Y si quieren cocinar en serio, para eso está la baraja de cena romántica en casa.
Anna: Sam armó su pesebre con un tiburón de plástico como buey y un frasco de mayonesa como establo. Perdió por puntos, pero el tiburón sigue en la repisa.
Cuando quieren ver las luces sin la multitud
- Cacería de pesebres. Recorran iglesias, plazas, vitrinas y entradas de edificios y pónganle nota a cada pesebre: más animales, el Rey Mago más raro, el Niño más fuera de escala. En muchas casas el Niño se coloca justo a la medianoche del 24, así que vuelvan a pasar el 25 y vean cuáles cambiaron.
- La costanera a las once. Caminen por la costanera, el malecón o la orilla del lago en sandalias, con la brisa en la cara y las luces colgadas de los postes. Compren un helado en el último local abierto y siéntense en el muro hasta terminarlo.
- Una noche de velitas propia. En Colombia, la noche del 7 al 8 de diciembre las familias ponen velas en faroles de papel en las ventanas y las aceras. Hagan la suya donde vivan: una fila de velas en la entrada, y después salgan a ver si algún vecino se sumó.
- La misa de gallo y la vuelta caminando. Aunque no sean de ir a misa, vayan a la de Nochebuena en la parroquia más cercana (revisen el horario, muchas la adelantaron) y vuelvan caminando por las calles tibias, con olor a cena saliendo de las ventanas.
- Las luces desde arriba. Suban a un cerro con mirador, a un funicular o teleférico que funcione de noche, o a la terraza de un estacionamiento. Desde arriba la ciudad entera parece decorada y nadie se mete en la foto.
Sam: Pusimos once velas en la entrada del edificio. A la media hora había velas en tres balcones más, y una vecina que nunca nos saludaba bajó con galletas.
Cuando hay dos cenas familiares y solo un rato entre una y otra
- La cena en una casa, el postre en la otra. Si cenan con una familia y el postre es con la otra, el auto entre las dos es de ustedes. Salgan un poco antes de las doce, estaciónense donde se vea el cielo y miren los fuegos sentados en el capó.
- Ir a comprar hielo. En toda cena de Nochebuena el hielo se acaba y alguien tiene que salir a buscar más. Levanten la mano los dos al mismo tiempo. Son veinte minutos con las ventanillas bajas, la radio prendida y ningún tío preguntando cuándo es la boda.
- Crónica en audios. Si pasan la noche en casas distintas, a medianoche cada quien graba un audio de un minuto desde el lugar más tranquilo de la casa, el baño o la terraza, contando lo que pasa como un narrador de fútbol. Escúchenlos juntos al día siguiente.
- El 25 a la hora de la siesta. A las cuatro de la tarde del 25 la familia entera duerme. Salgan sin hacer ruido, caminen por la sombra hasta la heladería y vuelvan antes de que alguien note que faltaban.
Cuando se hacen regalos y nadie necesita otro perfume
- Segunda mano con tope. Vayan juntos a una tienda de segunda mano o a un mercado de pulgas, sepárense con veinte minutos y un tope de dinero pequeño para cada quien. La regla: el regalo tiene que venir con una historia que se cuente en una frase.
- Doce sobres para el año. Doce sobres, uno por mes del año que empieza, con la fecha de apertura escrita afuera. Adentro no va una carta sino un plan pequeño: dos entradas, una caminata, un cupón para un domingo sin hacer nada. Se abre uno el primer día de cada mes.
- El árbol de los deseos. En diciembre muchas parroquias, centros comerciales y fundaciones arman árboles con tarjetas donde niños escribieron qué quieren de regalo. Elijan una tarjeta juntos, compren el regalo un sábado y entréguenlo los dos.
- Un regalo que va al refrigerador. El regalo tiene que estar frío y tomarse o comerse esa misma noche: el helado de la heladería lejana que la otra persona adora, una fruta fuera de temporada, una cerveza de su ciudad natal. Se envuelve con papel de regalo, gotas incluidas.
- La ropa interior de Año Nuevo. En muchos países se recibe el año con ropa interior de un color: amarillo para la abundancia, rojo para el amor, según la costumbre de cada lugar. Regálensela con moño y caja, como si fuera una joya, y que la estrenen a medianoche.
Para los detalles pequeños de cualquier día del año, no solo de diciembre, está la baraja de sorpresas para mi pareja.
Anna: Le regalé a Sam un helado de dulce de leche de la heladería de su barrio de infancia. Llegó medio derretido después de una hora de autobús, y Sam se lo comió igual, con cuchara, parado en la cocina.
Cuando el presupuesto ya no da para más
- La ciudad vacía el 1 de enero. Salgan a caminar a las nueve de la mañana del primer día del año, cuando la ciudad parece abandonada: negocios cerrados, calles sin autos, restos de cohetes en la calle. Caminen por el medio de una avenida y cuenten cuántos lugares encuentran abiertos.
- Cata a ciegas de pan dulce. Compren los tres panes dulces, panetones o panes de pascua más baratos del supermercado, tapen las etiquetas y corten un pedazo de cada uno. Pónganle nota a la masa, la fruta y el olor. Quien no reconozca su favorito lava los platos.
- Dos sillas en la acera. Saquen dos sillas a la acera cuando baja el calor, después de las nueve, como en los pueblos. Saluden a quien pase, comenten las luces de la casa de enfrente y quédense hasta que la calle se vacíe.
- Helado en la plaza, un sabor cada uno. Compren dos helados de sabores distintos, cámbienlos a la mitad y pónganles nota. Repitan cada noche hasta Fin de Año con sabores nuevos, y el 31 tendrán el ranking del verano.
- Los fuegos del 24 desde la azotea. En muchas ciudades, a la medianoche de Nochebuena se tiran fuegos desde todos los barrios a la vez. Suban a la azotea o a la terraza con dos sillas, apaguen todo y elijan el mejor, el más largo y el que salió antes de hora.
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Fin de Año a solas, sin fiesta
- Las doce uvas, en serio. Laven y cuenten doce uvas cada uno en una taza antes de las 23:55, sin semillas si consiguen. Una uva por campanada, un deseo por uva, y nadie llega a tiempo con la boca llena. Lo importante es intentarlo mirándose a la cara.
- La vuelta a la cuadra con la maleta. A las doce y cinco, saquen una maleta vacía y den la vuelta a la cuadra con ella, para que el año traiga viajes. Mientras caminan, elijan el primer destino y pónganle un mes.
- Un año viejo pequeño. Como en Ecuador y Colombia, armen un muñeco del tamaño de una caja de zapatos con ropa vieja y papel de periódico. Antes de las doce, quémenlo en un balde de metal en el patio, con agua al lado y lejos de cualquier toldo.
- Los premios del año. Una hora antes de las doce, entreguen los premios de su año: el día más gracioso, la mejor comida, la peor decisión, la frase más repetida. Los trofeos salen de la cocina: un batidor, una tapa, un salero. Discurso obligatorio, treinta segundos máximo.
- Un quiz antes de las doce. Cada quien prepara diez preguntas sobre el año de los dos: en qué mes fue la pelea por el aire acondicionado, qué serie dejaron a la mitad. Para entrar en calor, sirven las preguntas de qué tanto conoces a tu pareja.
- El lugar de las doce, elegido de día. El 30 decidan dónde van a estar a medianoche: la azotea, un mirador, un tramo de playa lejos del espectáculo grande. Revisen cómo llegar y volver, y tengan un plan B a diez minutos de casa.
Sam: El año viejo de Anna tenía mi camiseta del Mundial. Me di cuenta cuando ya estaba ardiendo. Dice que era la peor decisión del año y que el premio lo gané yo.
Cuando se pueden escapar una noche
- La costa para Fin de Año, reservada con tiempo. En los pueblos de playa, la semana de Fin de Año suele venderse con un mínimo de noches y a un precio muy por encima de un fin de semana normal. Reserven a mitad de año o busquen la playa vecina de la famosa, que suele tener lugar y el mismo cielo a medianoche.
- Una noche en el campo entre las fiestas. Entre el 27 y el 30 alquilen una cabaña rural, una finca o una estancia con hamaca y sin señal. No hay cena que preparar ni brindis que cumplir: solo la siesta, el río y los grillos de noche.
- Un pueblo en altura para escapar del calor. Elijan el pueblo de sierra o montaña más cercano, donde en diciembre de noche hace falta una chaqueta liviana o un suéter, y duerman ahí una noche. Cenen afuera, en el porche, sin ventilador.
- Carpa a la orilla de un lago el 26. Lleven carpa, una nevera portátil con hielo y dos linternas a un camping junto a un lago o un río. Métanse al agua al atardecer y duerman con la carpa abierta del lado del agua.
La cabaña con chimenea y las termas quedan para cuando llegue el frío, en las ideas de citas en invierno. Para más destinos, está la baraja de escapadas de fin de semana en pareja.